La sequía y el RGA: un riesgo estructural que se impone como número uno de los Cat-Nat
El informe anual de la Caisse Centrale de Réassurance (CCR) del 23 de junio de 2026 marca un verdadero punto de inflexión en la gestión de los riesgos naturales en Francia. Confirma que la sequía, principal motor de la retracción-expansión de arcillas (RGA), es ahora el riesgo natural más costoso para el régimen de Catástrofes Naturales. Las pérdidas aseguradas para el año 2025 relacionadas con la sequía se estiman entre 770 millones y 1.000 millones de euros, una horquilla que supera con creces los costes asociados a las inundaciones o las tormentas.
Esta tendencia no es aislada. En la última década, la sequía representa una abrumadora proporción del 53,1 % de la siniestralidad no automovilística cubierta por el régimen Cat-Nat. Esta cifra ilustra un cambio profundo: lo que se percibía como un riesgo secundario es hoy una catástrofe estructural, repetitiva y de una magnitud financiera sin precedentes. El régimen Cat-Nat, concebido originalmente para cubrir eventos raros y de intensidad excepcional, se enfrenta hoy a un fenómeno crónico, cuyas consecuencias se miden en miles de millones de euros.
Esta constatación exige una reflexión colectiva sobre la adaptación de nuestras políticas públicas, nuestras infraestructuras y, sobre todo, nuestras viviendas frente a un clima cambiante. La vulnerabilidad de millones de viviendas unifamiliares construidas sobre suelos arcillosos queda en evidencia con estas cifras, que llaman a la toma de conciencia y a acciones concretas por parte de propietarios y actores de la construcción.
Comprender el mecanismo de la retracción-expansión de arcillas (RGA)
La retracción-expansión de arcillas es un fenómeno geotécnico complejo, aunque su principio es relativamente sencillo de entender. Los suelos arcillosos tienen la particularidad de reaccionar fuertemente a las variaciones de su contenido de agua. En periodos de sequía intensa, el agua se evapora y el suelo se deshidrata, provocando un fenómeno de 'retracción' o consolidación. El suelo se contrae, se agrieta, y su capacidad portante disminuye.
A la inversa, durante los periodos lluviosos o de rehidratación del suelo (por ejemplo, tras una larga sequía), las arcillas reabsorben el agua y aumentan de volumen, provocando una 'expansión'. Estos movimientos alternos de retracción y expansión ejercen tensiones importantes y cíclicas sobre los cimientos de los edificios, en particular los cimientos superficiales, que no son lo bastante profundos para escapar de esta zona activa de los suelos. Los árboles cercanos a las viviendas también pueden agravar el fenómeno al absorber la humedad del suelo.
Las consecuencias son visibles y a menudo dramáticas: aparición de grietas en las fachadas, las losas, los tabiques interiores, deformación de los suelos, de los marcos de puertas y ventanas. Estos daños pueden alterar la propia estructura de la vivienda, comprometiendo su estabilidad y su valor. El cambio climático, con el aumento de la frecuencia y la intensidad de los episodios de sequía prolongada, no hace sino acentuar este riesgo, transformando eventos antaño excepcionales en una amenaza casi anual para numerosas regiones francesas.
Las graves consecuencias para los propietarios y la solidaridad nacional
Más allá de las cifras, la preponderancia del RGA en la siniestralidad Cat-Nat se traduce en dramas humanos y financieros para miles de hogares. Las grietas que resquebrajan una vivienda no son solo un problema estético; son la señal de daños estructurales potencialmente graves que pueden hacer la vivienda inhabitable y provocar una pérdida significativa de su valor patrimonial. La reconstrucción o la reparación puede resultar extremadamente costosa, a menudo fuera del alcance de los propietarios no indemnizados o mal indemnizados.
El proceso para obtener el reconocimiento de Catástrofe Natural está, en sí mismo, sembrado de obstáculos. Hay que esperar un decreto interministerial, probar el estado de sequía y, después, demostrar el vínculo de causalidad adecuada entre ese evento y los daños sufridos. La multiplicación de los siniestros RGA ejerce una presión sin precedentes sobre el régimen Cat-Nat, concebido para eventos imprevisibles y no para una catástrofe recurrente. Esta tensión se traduce en plazos de tramitación más largos y, con demasiada frecuencia, en denegaciones de indemnización, dejando a los propietarios desamparados (como señala nuestro artículo «Sequía y Cat-Nat: en realidad, solo 1 de cada 4 afectados es indemnizado»).
Este debilitamiento del régimen de solidaridad nacional, puesto de relieve por informes como el del Tribunal de Cuentas (mencionado en «Informe del Tribunal de Cuentas: ¿un paso más hacia el fin del régimen Cat-Nat para el RGA?»), plantea interrogantes sobre el futuro de la asegurabilidad de las viviendas en zonas arcillosas. Para los propietarios, resulta crucial dejar de limitarse a reaccionar ante los daños y adoptar un enfoque proactivo de prevención y vigilancia para proteger su vivienda.
Anticipar y gestionar el riesgo: la evolución de las estrategias de prevención
Ante un riesgo RGA ahora identificado como la primera causa de siniestralidad, la estrategia ya no puede limitarse a las reparaciones curativas. Aunque las técnicas de recalce de cimientos (micropilotes, inyecciones de resina, pilotes de hormigón) siguen siendo soluciones probadas para estabilizar un edificio que ha sufrido daños estructurales importantes, resultan costosas, pesadas y actúan una vez que el daño ya está hecho. La urgencia está en la prevención, la vigilancia y la gestión proactiva del riesgo.
Los enfoques modernos buscan ahora actuar de forma anticipada, atacando la causa misma del fenómeno: las variaciones de humedad de los suelos. Se trata de mantener un equilibrio hídrico estable alrededor de los cimientos, para minimizar los movimientos de retracción y expansión de la arcilla. Esto pasa por una mejor comprensión del comportamiento de los suelos, una vigilancia continua de sus parámetros (humedad, temperatura) y la adopción de soluciones que permitan regular su contenido de agua.
Esta evolución de mentalidades y técnicas abre paso a soluciones más sostenibles, menos invasivas y económicamente más viables a largo plazo. El objetivo es reducir la vulnerabilidad de los edificios a los riesgos climáticos repetidos, preservar el valor patrimonial de las viviendas y garantizar una mayor tranquilidad a los propietarios. El dato ambiental se convierte en un activo fundamental en este enfoque preventivo.
La relación con TerraStab
Frente a esta realidad de un riesgo mayor y recurrente, la prevención se impone como la estrategia más pertinente. En este contexto cobran todo su sentido los enfoques innovadores de regulación hídrica de los suelos, también llamada hidroestabilización, como el propuesto por TerraStab. En lugar de esperar a que aparezcan daños importantes y realizar costosas obras de recalce de cimientos, TerraStab busca mantener condiciones hídricas más estables en el suelo arcilloso alrededor de los cimientos. Gracias a una red de sensores enterrados que miden continuamente la humedad, la temperatura y la tensión del agua, junto con un modelo hidrogeotécnico predictivo, el sistema puede anticipar un desequilibrio hídrico con 7 a 15 días de antelación. Una red de riego subterránea se activa entonces para reajustar la humedad del suelo, con el fin de limitar la aparición de daños importantes. Este enfoque de prevención, basado en la observación de los suelos, contribuye a una mejor gestión del riesgo RGA y está particularmente adaptado a los cimientos superficiales. Una vivienda estable puede contribuir a la tranquilidad y a la protección del valor patrimonial frente a los riesgos climáticos.
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Para saber más
- →Sequía y Cat-Nat: en realidad, solo 1 de cada 4 afectados es indemnizado
- →¿Un paso más hacia el fin del régimen Cat-Nat para el RGA? — Informe del Tribunal de Cuentas
- →La solidaridad nacional frente al RGA se debilita — lo que va a cambiar para su vivienda
- →Reportaje de France 2: grietas en la vivienda y sequía — lo que el reportaje no cuenta

